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Hitos de la tecnología 3D: del celofán a Avatar

28 Febrero, 2017 - Empresas

Pese a que podamos llegar a pensar que se trata de una evolución tecnológica reciente, las proyecciones en 3D y su tecnología afín, ha ido pareja al desarrollo de la fotografía y del propio cine.

 

Así, encontramos la primera patente en 1890 realizada por William Freese-Greene (5 años antes de la primera proyección de los hermanos Lumière), aunque la primera película etiquetada como en 3 dimensiones no llegaría hasta 1922 a las salas comerciales usando un sistema de dos proyectores para simular el efecto tridimensional. Se trataba de la película “The Power of Love”.

 

Tras como ha ido ocurriendo a lo largo de todo el pasado siglo, cada vez que parecía despuntar esta tecnología, se veía refrenada por una situación económica desfavorable o poca atracción del público por unas películas “espectaculares” en cuanto a forma, pero de pobre guion y tramas tan planas como la visión de las películas grabadas en 35 mm.

 

Imagen: electroprecio.com

 

El primer boom en la década de los 80

 

Los primeros años de la tecnología 3D en el mundo cinematográfico encontró en la gran depresión tras el crack del 29 su primer freno, y la llegada de la televisión a los hogares su segundo freno.

 

No fue hasta la década de los 80 con la popularización del cine IMAX cuando realmente comenzó a despuntar como producto, reservándose sus propias salas de pantallas curvas donde la sensación de invasión de la imagen hacia el espectador se acrecentaba y donde se hicieron populares las gafas tridimensionales (que ya existían desde principios de siglo) hechas de cartón y celofán rojo y azul.

 

Desde entonces, la tecnología IMAX se ha ido mejorando para aumentar la sensación de realidad, incorporando simuladores de movimiento a los asientos y otros avances que lo desligan de la experiencia “plana” del visionado tradicional de las películas.

 

Pero en este sentido, sigue habiendo un factor clave que hacía que aún las películas tradicionales proyectadas por una cámara de una sola lente les siguieran ganando en la competición por el entretenimiento audiovisual. Y es que los costes de la tecnología IMAX y la necesidad de constantes impulsos sensoriales, hacían que no se pudiera o no se quisiera realizar películas de ficción y argumentadas en 3D.

 

Comienzos del nuevo milenio: el despegue definitivo

 

La revolución comercial del cine en 3D tiene nombre y apellido: James Cameron, que tras el bombazo una década antes que supuso “Titanic”, destinó un altísimo presupuesto y medios para el rodaje de un largometraje guionizado enteramente en 3D.

 

Se trataba de Avatar, película de 2009 que se ha convertido en la que mayor número de espectadores ha atraído a las salas de cine (2.787.965.087 de dólares recaudados con un presupuesto de 237.000.000) gracias a haber sido capaz de romper por fin, después de más de un siglo desde su invención, la tradicional barrera entre argumento y medios tridimensionales.

 

El éxito de Avatar posibilitó no sólo que otros directores y productoras se lanzaran a rodar en tres dimensiones, incluso reeditando películas rodadas originalmente de forma tradicional (aunque con resultado más pobre que las rodadas de inicio en tres dimensiones), sino que la tecnología 3D resurgiera de sus cenizas y se trasladara a otros ámbitos.

 

Desde entonces, televisiones, videojuegos, mappings, realidad aumentada y otros medios destinados principalmente al entretenimiento pero también a otros campos como la publicidad, se han sumado a la espectacularidad e impresión que aún hoy causa la tecnología 3D y cuyo desarrollo aún no ha alcanzado su cénit.